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Profesionales y grandes entendidos dicen que los componentes de la felicidad son: un trabajo digno, una esperanza, alguien a quien amar y un hobby (relacionándolo con los sueños).
El coleccionista no consigue dormir cuando la última camiseta que objetivizó para conseguir esta por llegar. Sueña, vibra, espera, desespera. Su interior se estremece en la feliz conquista y sufre y se desilusiona cuando la realidad le es adversa.
La camiseta no pierde ninguno de sus valores, por el contrario el paso del tiempo la revalúa y la prestigia, convirtiéndola en una pieza inexpugnable de colección.
La camiseta del club de los amores es el traje de gala más soberbio y orgulloso que un corazón puede vestir.
Muchas personas en todo el mundo encuentran en la colección de camisetas, un lugar donde inmortalizar aquel recuerdo que tan feliz lo hizo.
Otros las compran para vestirlas y lucirlas en los "inmortales picados" y gambeteándole a la realidad y autosugestionándose al llevar puesta por ejemplo la Nº 10 albiceleste para "dribblear" entre otros al gordo, al chueco, a celeste, al madera y luego del gol de su vida, recibirse de manera inexorable de barrilete cósmico.
Varios también las reclutan pues saben que entran en la historia teniendo un pedazo de ella...
Todo motivo es válido, cada camiseta tiene su valor, cada coleccionista posee el orgullo de ser y tener.
Y de eso se trata, de unos cuantos fieles y pasionales corazones recibidos de hinchas, de detallistas y soñadores coleccionistas que conforman esta Asociación, en la cual, en la mayoría de los casos muchos de sus socios, aunque sea a través de una simple tela cocida, bordada o sublimada, veremos inmortalizado el sueño de saber y tener un pedazo mágico de la historia del deporte más pasional del planeta.
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